El Brasil Imperial Español

Durante la primera mitad del siglo XVII, Brasil atrajo la codicia del imperio colonial neerlandés, alimentada por su potencia marítima. España, que había incorporado al gigante en 1580, tras la unificación con Portugal, peleó por conservarla. Fadrique de Toledo, nuestro mejor almirante en aquella centuria, cosechó una victoria valiosa pero no decisiva; y, a la postre, los intentos por forjar un Brasil castellano fracasaron en 1640 y cayeron para siempre en el olvido.

El Brasil, parte del imperio español debido a la conquista de Portugal de 1580, pasó a ser objeto de las ambiciones holandesas para explotar su potencial azucarero. Estos comenzaron la conquista de la zona de Bahía y de la desembocadura del Amazonas, sólo para ser derrotados por un fulminante contraataque español que recuperó el Brasil para España en 1625. Sin embargo, Holanda volvió en 1630 y consiguió implantarse en Pernambuco y forjar un exótico Brasil neerlandés. Los intentos hispanos de recuperarlo, en los que hasta estuvieron involucradas tropas napolitanas, fracasaron. En 1640, tras la derrota naval de Itamaracá y la rebelión de Portugal, España se desentendió definitivamente de este territorio. Al final, fueron los propios colonos brasileños los únicos que pudieron derrotar a los holandeses 14 años más tarde…

Brasil no tenía las riquezas en oro y plata del resto de la América española, aunque era una de las principales regiones exportadoras de azúcar del mundo. Sus rentas representaban apenas 0,3 millones anuales de ducados, frente a unos dos millones de la América hispana. Sin embargo, era muy importante para Holanda, ya que ésta importaba el azúcar brasileño, para luego procesarlo en Ámsterdam y reexportarlo al resto del orbe. En 1621 expiró la tregua firmada entre España y Holanda, de modo que ésta se vio obligada a conquistar Brasil si quería seguir manteniendo su próspera industria azucarera. Para ello se creó la Compañía de las Indias Occidentales, o WIC, con un capital de unos 2,3 millones de ducados. La WIC organizó en 1624 una flota de 26 barcos, 450 cañones y 3.300 soldados bajo Jacob Willekens para tomar Salvador de Bahía, una gran ciudad de 50.000 habitantes y capital del Brasil. El gobernador, don Diego Hurtado de Mendoza, apenas contaba con seis cañones y 15 mercantes medianamente armados, de modo que en mayo, Piet Heyn, el brillante subordinado de Willekens, destrozó el fortín de la bahía y a los mercantes de la flota azucarera y lanzó a 1.000 marineros en lanchas que tomaron la ciudad.

Sin embargo, España, a pesar de estar envuelta en una guerra mundial reaccionó con una enorme eficacia y rapidez. El 30 de marzo de 1625 apareció ante Bahía la flota española bajo el mejor almirante hispano del siglo XVII, don Fadrique de Toledo, con 51 naves imperiales (22 lusas), 1.185 cañones y 12.566 hombres, armada que había costado 2 millones de ducados. Frente a ellos, el gobernador holandés Schouten contaba en Bahía con unos 2.300 soldados y 20-21 naves (10 de guerra, el resto ligeras y mercantes), que colocó para defender el puerto con sus cañones. Fadrique desplegó toda su flota en formación de media luna cubriendo la bahía para evitar que los neerlandeses escaparan o recibieran refuerzos por mar, y luego mandó desembarcar la artillería e inició una serie de operaciones de asedio al estilo europeo. La ciudad se rindió finalmente el 30 de abril, consiguiendo además don Fadrique un botín por valor de 300.000 ducados y 1.912 prisioneros. La rendición se produjo justo a tiempo, porque el 22 de mayo llegó una escuadra holandesa de socorro bajo Boudewyn Hendrikson, compuesta por 34-41 naves (nueve ligeras) que al ver la ciudad tomada emprendió el viaje de regreso. Fadrique también volvió a España donde se celebró la recuperación de Brasil por todo lo alto, con lienzos, versos de Quevedo y comedia de Lope incluidos. Por otro lado, España aprovechó para limpiar el resto de establecimientos holandeses en la desembocadura del Amazonas, cerca de Belem. En mayo de 1623, fuerzas locales bajo el terrible Bento Maciel Parente destruyeron todos los fuertes enemigos en el Pará con 70 hombres y 1.000 indios en canoas. Tras rechazar un contraataque en 1625, Parente acabó eliminando todos los puestos del Amazonas. Así, al acabar el año España controlaba todo el Brasil conocido, pero con la partida de Fadrique, Brasil quedó de nuevo casi sin protección.

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