E los països catalans son sólo una capa de mentiras sobre territorios que constituyeron la Corona de Aragón.

Y todos somos Españoles pues a estas alturas, quien no pone la mano en el fuego que por sus venas no corren sangre aragonesa, navarra, vasca o castellana. Los manipuladores de la historia si queridos amigos los del mandil pues pronunciar su nombre es que se me remueven las tripas, aquellos que sus antepasados los muy sabios y listos Reyes Católicos  que en Gloria este y mas a mi querida Reina la única que Reconozco como Reina de España. De aquellos que fueron expulsados por su maldad talmudica hoy sus descendiente mediante el engaño nos dividen tantas veces como quieren sin que nadie les enfrente cara. Quiero inaugurar  mi Blog con esta historia pues la ignorancia se combate con la cultura.

Texto extraído de D.José Antonio Crespo-Francés.

Tras este repaso de la secuencia real aragonesa recordemos que el Académico de la RAH Don Faustino Menéndez-Pidal de Navascués fue categórico en el asunto al denunciar que algunos polígrafos nacionalistas: “Encabezan las injusticias históricas respecto a Cataluña con el Conde Ramón Berenguer IV; este al casarse con la reina niña aragonesa hizo demasiadas concesiones, pues debió haberse titulado rey de Cataluña y de Aragón. Pero tal reproche olvida una dificultad: que Cataluña, la unidad diferenciada que pretenden, no tenía una clara existencia ni aun en el nombre, pues catalanus y Catalonia no aparecen en los documentos oficiales hasta treinta o cuarenta años más tarde y olvida también que el tomar el título de rey no dependía entonces y no dependió después del capricho individual. Pero Ramón Berenguer IV sin saber que estaba desagradando al nacionalismo del siglo XX hizo más que el no llamarse rey: se reconoció vasallo del emperador toledano Alfonso VII, hecho bien divulgado por la honradez historial de Zurita, pero callado por historiógrafos nacionalistas catalanes, quienes cuando tienen que hablar del emperador y del conde-príncipe de Aragón envuelven la historia en una terminología anacrónica y enfática: els dos sobirans, el del Estat castella y el del Estat catalanoaragones, y llama Confederacion catalano-aragonesa a lo que siempre se llamo simplemente REINO DE ARAGON.”1 Queda evidenciado por tanto que la Corona de Aragón nunca fue una “confederación catalanoaragonesa”

Ni existía Cataluña en la época de Ramón Berenguer y Petronila, ni el concepto de confederación es aplicable en la Edad Media, ni había dos naciones, ni mucho menos dos sobirans a confederar.

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Representación ecuestre de Alfonso V el Magnánimo, Le Roy D’ARAGON, con sus insignias regias: el señal real de Aragón (en la sobrevesta del rey y en las gualdrapas de su caballo), la cruz de Íñigo Arista (en el mantelete del yelmo, bajo la corona) y la cimera del dragón. Pintura al temple sobre pergamino, de mediados del siglo XV, en el Armorial équestre de la Toison d’Or (París, Bibliothèque de l’Arsénal, ms. 4790, f. 108r, miniatura núm. 228). Las barras no pertenecen a ningún territorio porque son un emblema personal, y representan a un linaje de soberanos. Las casas reales o nobiliarias tenían enseñas propias que podían ser distintas de las que usaban los territorios bajo su dominio, como en este caso. Por poner un ejemplo: en el siglo XIV la enseña de la casa real de Aragón eran las barras, pero la de Barcelona era una cruz (que aún está en su escudo), la de Aragón la cruz de Alcoraz y cada territorio de la Corona tenía la suya.2 Pero, queridos españoles y queridos aragoneses, es necesaria una justificación para obtener más privilegios por parte de una casta dirigente nacionalista separatista, o lo que es lo mismo secuestrar la historia para que unos caciques vivan de una diferencia, lo que llaman un hecho diferencial, que se traduce en alfombras rojas sobre las cuales vivir mejor que el resto de los españoles rompiendo la igualdad y fraccionando la soberanía nacional en tantos trozos como autonomías.

En cuanto a la otra falacia que no merece más de un párrafo, sabemos que los països catalans son sólo una capa de mentiras sobre territorios que constituyeron la Corona de Aragón. Así cuando Pedro IV la da derechos a Valencia dice: “Y es cierto que la señal por los muy altos Reyes de Aragón otorgada y confirmada a la dicha Ciudad era y es su propia señal Real de bastones o barras amarillas y rojas. [….] El muy alto señor Rey ahora reinante por su propia iniciativa y su mera generosidad considerando así Su Merced como fue bien servido por la dicha ciudad señaladamente en la reciente guerra de Castilla, especialmente en los dos asedios y mas principalmente en el segundo y último de aquellos realizados sobre ella [Valencia] por el Rey de Castilla añadió la dicha corona a la dicha señal”.

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En el edificio de la Diputación del Reino de Aragón aparece, en el centro, el señal del rey de Aragón (para que no quede ninguna duda está bajo la cimera), y a los lados los dos escudos que tradicionalmente habían identificado a este territorio de la corona: la cruz de Iñigo Arista(conocida también como “Aragón antiguo“) y la cruz de Alcoraz (“Aragón moderno“). Trascurridos más de quince años desde la segregación de las parroquias de Huesca y Lérida por orden vaticana, la diócesis catalana, Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida del que forma parte la Diputación Provincial, se niega a devolver los bienes artísticos y documentos que legalmente pertenecen a las aragonesas, Roma ya descartó su pretensión de dejar en suspenso el decreto donde se ordena devolver las obras a la diócesis de Barbastro-Monzón. De esto no se habla en Cataluña, de segregar el archivo de Salamanca sí… y el Gobierno de España… guarda silencio.

Es curioso cómo el nacionalismo lo deforma todo. Lo deforma tanto que los mismos argumentos que ha utilizado el Ayuntamiento de Salamanca para retener unido el archivo de la guerra civil y que fueron calificados por el nacionalismo como “expolio”, ahora los nacionalistas lo utilizan para impedir que las piezas religiosas catalogadas del Museo diocesano de Lérida sean devueltas a sus propietarios. Ahora la unidad del archivo es importante para “fer país”, lo cual vendría a decir que destruir la unidad de los archivos de Salamanca tendría como objeto destruir país. “Es la documentación de nuestro pasado histórico que no puede ser compartida”, dice sin inmutarse una conocida diputada de CIU, y es preciso como aseguraba en el pleno del Parlamento de Cataluña el 4 de julio de 2008: “reconocer explícitamente la unidad de la colección, habida cuenta de que constituye un patrimonio capaz de explicar los contextos identitarios, históricos, sociales y religiosos”. Es decir, la unidad del archivo de Salamanca es expolio e imperialismo, la unidad del Museo Diocesano de Lérida, por el contrario, es instrumento imprescindible de identidad que debe ser preservada porque es la “nostra”, e incluso están dispuestos a abrir un proceso civil contra el obispo de Barbastro, empujados por los republicanos (¿?) responsables de la destrucción de templos y saqueos de Barcelona en la triste pasada última guerra civil. Si un día el Museo Diocesano de Lérida ha de dividir su colección, la culpa la habrá tenido el egoísmo nacionalista catalán por haber puesto fronteras donde sólo había una Iglesia universal. A pesar de la verdad histórica de la auténtica Memoria Histórica vemos como pobres jóvenes ignorantes de la esquerra republicana siguen insistiendo en la propiedad catalana sobre los territorios aragoneses limítrofes con Cataluña. Basta con mirar cualquier pegatina publicitaría de lo que ellos llaman països catalans. Que lean un poco, vean las monedas, los textos, los documentos, los sellos de la época y verán que sólo aparece: aragonum rex Recientemente leía un magnífico y técnico estudio del Dr. Jaume Fernández González, que debe ser un catalán de nuevo cuño, sobre Castellología (en la Cataluña del siglo XI ¿?), en el que se observa cómo se trata de crear un hecho particular y diferencial de una entidad que en ese momento no existe. Pasamos desde historiadores que justifican y mencionan “España” como concepto literario medieval, o entidad discutible y discutida por parte del filósofo y contador de nubes Zapatero, al Dr. Fernández que en 25 páginas de tamaño cuartilla menciona más de 28 veces los términos Cataluña, condados catalanes, expedición catalana a la capital califal y ejércitos feudales catalanes, o que los cronistas andalusíes se refieren a los ifrang o francos como a los precatalanes (¿?) (en la Descripción de España de Xarif Aledris, en cambio, sí aparece Esbania, Castaly, para Castellón de la Plana, Barxeluna, para Barcelona, y en ningún caso Cataluña). Y no hace el señor Fernández ninguna cita a la Marca Hispánica, cuyos pobladores, como todos sabemos, eran conocidos como spanie por los francos, es decir ESPAÑOLES. En cuanto a la hostilidad de Castilla y Cataluña, se trata de una falsedad pues sus historias han ido paralelas y entrelazadas desde que en la España celtíbero-romana la provincia Tarraconense comprendía por el oeste la cuenca del Ebro hasta Burgos, precisamente en la tarraconense el pensador Floro formuló en el siglo I la síntesis entre la unidad y la variedad peninsular que definió así a España y a su núcleo firme, la Celtiberia: Hispania Universa, Celtiberia robur Hispaniae. Oliva, abad de Monserrat y obispo de Vich, en el siglo XI definió la unidad plural de España y bautizó con fórmula política la obra de Sancho el Mayor, al que tituló “rex ibericus”, pues al casarse con la última condesa de Castilla, Elvira o Mayor, logra por primera vez la unidad de la España cristiana, agrupando el Rosellón, Barcelona, Aragón, Navarra y Castilla con las Vascongadas, acuñando moneda en Nájera y titulándose “imperator totius hispaniae”, siendo enterrado en el impresionante Monasterio de Oña en Burgos. El propio Cid durante el destierro no dudó en refugiarse en Barcelona acogido por Berenguer II Cap d´Estopa, llegando a casar su hija María con Berenguer III el Grande, Conde de Barcelona, y su otra hija, Jimena, con el Conde de Foix. La unión de reyes y nobles de Castilla y Cataluña tiene decenas de ejemplos cuya enumeración eternizaría este trabajo. Por lo que se refiere a San Jorge, es patrón de los territorios de la Corona de Aragón porque desde el rey Pedro IV el Ceremonioso o el del Punyalet3 en el siglo XIV se trata de un emblema parlante que representa un mote o lema con la equivalencia entre «dragon» y «d’Aragon», usando una cimera con este animal mitológico. De ahí el entramado que hizo a Jorge patrón de Aragón, por serlo de su rey, y con ello de todos los reinos que componían la Corona de Aragón. Aludía a la dignidad real en las tierras y pueblos del rey de Aragón, habitualmente llamados entre los siglos XII y XIV «Casal d’Arago» y, desde la última década del siglo XIII, también Corona de Aragón. El modelo del escudo de Aragón, tal y como fue aprobado tras la transición española, aparece impreso por primera vez en Zaragoza, en las prensas del impresor alemán y “magnifico maestre Paulo Hurus” el 12 de septiembre de 1499.

La cruz de San Jorge aparece en el tercer cuartel del Escudo de Aragón, junto con cuatro cabezas de moros, representando la victoria de Pedro I en la batalla de Alcoraz, el primer gran hito de la Reconquista y donde 40.000 hombres lucharon por recuperar Huesca en 1096.

Completan el escudo los cuarteles del Árbol de Sobrarbe (fueros que defendían la ley sobre el rey según la tradición). Eso sí, para los separatistas Sant Jordi es una fiesta netamente catalana aunque sea patrón también de diversas localidades mayores como Cáceres o Alcoy y Bañeres, en Alicante, y otras menores como Olmedo de Camaces y de Santiago de la Puebla en Salamanca, de San Esteban de Nogales y Brugos de Fenar, provincia de León, Golosalvo, en Albacete que tiene como patrón una escultura de Salzillo, Santurdejo en La Rioja, Villanueva de Alcardete, en Toledo, y Aldea del Rey en Ciudad Real.  entre otras e igualmente el 23 de abril se conmemora la batalla de Villalar (1521) y es fiesta oficial de Castilla y León siendo por tanto más motivo para compartir que para separar. Tras la hegemonía política y militar española en Europa y América desde los Reyes Católicos hasta Felipe III, el reinado del penúltimo monarca Habsburgo, Felipe IV, puso de manifiesto el agotamiento de una España desangrada tras siglo y medio de lucha en las cuatro esquinas del globo: guerras contra ingleses, franceses, holandeses, protestantes, turcos, berberiscos, descubrimiento, conquista y colonización de América y de Filipinas, mantenimiento de las rutas marítimas, con enfrentamientos en el mediterráneo, Atlántico y Pacífico. Ante esta perspectiva de desmoronamiento del Imperio, el valido de Felipe IV, Conde-Duque de Olivares, intentó aplicar varias medidas para reforzar tanto económica como militarmente al reino. Una de las propuestas de mayor transcendencia fue la Unión de Armas, con la que pretendía involucrar más directamente a los territorios de la antigua Corona de Aragón, que hasta ese momento, debido a la estructura del estatal de los Habsburgo, si bien participaba en menor medida que los castellanos en la gobernación del Imperio, soportaban muchas menos cargas tributarias y militares que aquéllos. Así lo recogió Quevedo en estos sencillos versos:

“En Navarra y Aragón No hay quien tribute un real; Cataluña y Portugal Son de la misma opinión; Solo Castilla y León Y el noble pueblo andaluz Llevan a cuesta la cruz.”

La política centralista de Olivares aconsejó al rey la uniformización jurídica de todos los territorios de España según el modelo de las leyes de Castilla, lo cual encontraba oposición entre las aristocracias de los territorios de la antigua Corona de Aragón, sobre todo en Cataluña, pues las cortes de Aragón y Valencia aceptaron los planes del valido. En 1635, en el contexto de la Guerra de los Treinta Años, estalló la guerra con la Francia de Richelieu, ante lo que el Conde-Duque insistió en la aportación catalana de hombres y dinero, a lo que la Diputación de Cataluña se opuso. El valido se quejó de la indolencia del Principado en la defensa del territorio frente a la amenaza francesa, e incluso el Consejo de Ciento se opuso en un principio a enviar tropas para socorrer su propio territorio, a la Cataluña transpirenaica, hoy territorio francés.  Tras unos calamitosos años (1629-1638) de peste y malas cosechas en toda Cataluña, los problemas causados por el alojamiento y el pillaje de los ejércitos reales, que debían vivir sobre el terreno, y que tuvieron que ser enviados contra los franceses que habían atacado por el Rosellón en junio de 1639 tras su derrota en Fuenterrabía, provocaron el enfrentamiento y la revuelta en el verano de 1640. Los catalanes se levantaron al grito de “Visca el rei d´Espanya i muiren els traidors!”, aunque esto no suele ser recordado… Un testimonio esencial para conocer lo sucedido en aquel momento es el de Francisco Manuel de Melo, general portugués al servicio de Felipe IV que fue protagonista directo de los hechos. En las memorias que escribió sobre la guerra de 1640 recogió, con gran simpatía hacia los civiles catalanes y crítica hacia la soldadesca, los diversos hechos que fueron agravando la situación. Uno de los motivos por los que los naturales experimentaron rechazo hacia los soldados, aparte de los desmanes cometidos en materia de alojamiento y pillajes, fue la percepción de muchos de ellos como extranjeros y herejes: “Contenía el campo católico, además de los tercios españoles, algunos regimientos de naciones extranjeras, venidos de Nápoles, Módena e Irlanda, los cuales no solo constan de hombres naturales, mas entre ellos se introducen siempre muchos de provincias y religiones diversas: los trajes, lengua y costumbres diferentes de los españoles, no tanto los hacía reputar por extraños en la patria, sino también en la ley: este error platicado en el vulgo vino a extenderse de tal suerte, que casi todos eran tenidos por herejes y contrarios a la Iglesia”. El clima de desconfianza y enfrentamiento entre población y los soldados enturbió aún más las ya muy difíciles relaciones entre las instituciones del Principado y la Corona a causa de los intentos de ésta por uniformar la administración, los impuestos y las levas, hasta extremo del ofrecimiento por la Diputación de Cataluña al rey francés Luis XIII del título de Conde de Barcelona. Ahora debemos detenernos brevemente en el Corpus de Sangre, conocido así desde una novela homónima decimonónica, episodio esencial de la mitología nacionalista. Ya con los ánimos desatados y la autoridad real, representada por el virrey Conde de Santa Coloma, en grave cuestión, los acontecimientos se precipitaron. Existía en Barcelona la tradición de que el día del Corpus Christi, que aquel año era 7 de junio, bajasen a la ciudad los segadores de las comarcas vecinas, lo cual sucedió este año de 1640 en unas circunstancias de desorden que se agravaron por la llegada de esta multitud de campesinos. De nuevo seguimos el testimonio del testigo presencial Francisco Manuel de Melo. Es preciso señalar que, lejos de ser un observador a favor del rey Felipe o simplemente neutral, este portugués manifestó  su simpatía por la causa de los rebeldes y en contra de las armas a las que él mismo estaba sirviendo, pues no en vano ese mismo año se entregaría a la causa independentista portuguesa. Relata de este modo la entrada de los segadores en Barcelona: “Había entrado el mes de junio, en el cual por uso antiguo de la provincia acostumbran bajar de toda la montana hacia Barcelona muchos segadores, la mayor parte hombres disolutos y atrevidos, que lo mas del ano viven desordenadamente sin casa, oficio o habitación cierta: causan de ordinario movimientos e inquietud en los lugares donde los reciben (…) temían las personas de buen ánimo se llegada, juzgando que las materias presentes podrían dar ocasión a su atrevimiento en prejuicio del sosiego público”. Continúa Melo describiendo el comienzo del enfrentamiento con las tropas reales: “Señalábase entre todos los sediciosos uno de los segadores, hombre facineroso y terrible, al cual queriendo prender por haberle conocido un ministro inferior de la justicia (…) resulto de esta contienda ruido entre los dos: quedo herido el segador, a quien ya socorría gran parte de los suyos. Esforzábase más y más uno y otro partido, empero siempre ventajoso el de los segadores. Entonces alguno de los soldados de milicia que guardaban el palacio del virrey tiraron hacia el tumulto, dando a todos más ocasión que remedio”. Tras la generalización de los desórdenes, los segadores se dieron al saqueo: “A este tiempo vagaba por la ciudad un confusísimo rumor de armas y voces; cada casa representaba un espectáculo, muchas se ardían, muchas se arruinaban, a todas se perdía el respeto y se atrevía la furia: olvidábase el sagrado de los templos, la clausura e inmunidad de las religiones fue patente al atrevimiento de los homicidas”. Continúa Melo en su relato describiendo que a los soldados y funcionarios castellanos se los mataba y despedazaba, y a los propios barceloneses se les asesinaba bajo acusación de traidores por no apoyar la revuelta y ayudar a los soldados. “Fueron rotas cárceles, cobrando no solo la libertad, más autoridad los delincuentes”. Finalmente, las turbas dieron muerte al virrey, Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, al intentar embarcar para escapar de los amotinados, y continuaron el saqueo. Numerosos testigos presenciales dejaron testimonio de las destrucciones, incendios, asesinatos y despedazamientos de cadáveres que se cometieron. Con el trasfondo de los desórdenes antigubernamentales, la revuelta evidenció un componente de revolución social contra la burguesía y aristocracia dominantes y de anárquica venganza de revoltosos y delincuentes, que se afanaron en asesinar a agentes de la justicia. El principal caudillo de los violentos acontecimientos fue Rafael Goday, escapado pocas semanas antes de la cárcel en la que se hallaba pendiente de ejecución. Otro de los cabecillas fue Sebastián Estralau, también forajido y antiguo galeote. Ésta fue la revuelta de los segadores, episodio enaltecido e idealizado por el nacionalismo catalán como si se un alzamiento nacional se hubiera tratado y en el que se inspira el que denominan himno nacional catalán, de reciente creación y enseñado a los niños en los centros educativos de Cataluña. Durante estos últimos años la Generalidad de Cataluña, con su maquinaria política y económica ha avanzado en la desnacionalización de España para inventarse una artificial nación catalana. Uno de sus mitos es la canción popular catalana de “Els Segadors”, que fue declarada himno oficial de Cataluña por el parlamento el 17 de febrero de 1993. Esta intención no era nueva, pues procedía del siglo XIX. Lo que los diputados, que votaron esta propuesta, le esconden a la gente es que la canción actual, lejos de estar “profundamente enraizada en nuestra historia”, es una brutal falsificación hecha en el final del siglo XIX. Esta canción no tiene nada que ver con la revuelta de 1640, que por otra parte, y aunque después seria manipulada, no se inició con ninguna motivación independentista ya que el levantamiento se produjo con los gritos de “Viva la fe de Cristo”, “Viva el rey de España nuestro señor” y “Muera el mal gobierno”. La letra de la canción original, que manifestaba la religiosidad profunda del pueblo catalán, recogía dichas palabras como las siguientes: “…/cremen albes y casulles, los calzes y les patenes, /y el Santíssim Sagrament, alabat sía per sempre/… /On es vostre capitá? Quina es vostra Bandera? / Varen treure el bon Jesús, tot cobert amb un vel negre./Aquí es nostre capità, aquesta es nostra Bandera /…” En 1899, después de las modificaciones musicales hechas por el maestro Alió, “La Nacio Catalana” convocó un concurso para premiar una letra que remplazara a la auténtica, a cuya modificación se opusieron en redondo nuestras personalidades más señaladas. Después de sostener, mayoritariamente, que otras canciones populares eran más adecuadas para ser adoptadas como himno, manifestaron que, en ningún caso, la letra original de “Els Segadors” tendría que sustituirse. Jacinto Verdaguer señaló: “Supongo que se buscara una letra mejor…pues no creo que haya en Cataluña quien la pueda hacer de mérito igual ni de buen trozo. Y cuando ese poeta exista, y cuando saliese con una canción más bonita e inspirada, ¿qué catalán no la dejaría por la antigua?, ¿Qué hijo cambiaría las joyas de su madre por otras, aunque fueran estas las mejores del mundo? La antigua verdadera canción de “Els Segadors” es, todo en una pieza, una página de nuestra historia,…una profesión de fe de nuestros abuelos…Quien les quiera quitar eso, que no diga que les quiere”. Joseph Torras i Bages afirmaba: “…considero una especie de profanación poner la mano en los antiguos símbolos, en los cuales el misterio de la antigüedad aumenta el interés artístico… Quién haga la nueva letra no es fácil que sienta los golpes como aquel pueblo que poetizó el antiguo canto, y así la poesía no será sentida, sino sentimental”. Pese a estas y otras manifestaciones de peso, el falseamiento nacionalista continuó, cambiando la canción popular tradicional de plano, en un himno de carácter separatista, llena de odio con el nuevo “bon cop de falç”, buen golpe de hoz, y falta de toda referencia religiosa. No estaba equivocado el padre Collell en sus apreciaciones: “…y respecto a si conviene o no modificar la letra, solo diré, que si en la canción de “Els Segadors” no se sintiera tan vibrante nuestra religiosidad, y solo dominase un aullido imprecatorio: no hubieran pensado los de “La Nación catalana” en abrir un concurso para premiar una letra nueva que se puede asegurar de antemano que será letra muerta”.

Letra Original en castellano: !Cataluña, condado grande, quién te ha visto tan rica y llena! Ahora el rey Nuestro Señor declarada nos tiene la guerra. !Segad a ras! Segad a ras, que la paja va cara! !Segad a ras! El gran conde de Olivares El Rey de Aragón en el Armorial del Toisón de Oro siempre le susurra a la oreja: -Ahora es hora, nuestro rey, ahora es hora que hagamos guerra.- Contra todos los catalanes, ya veis cual han hecho: siguieron villas y lugares hasta el lugar de Rio de Arenas; han quemado un sagrado lugar, que Santa Paloma se llamaba; queman albas y casullas, y caporales y patenas, y el Santísimo Sacramento, alabado sea por siempre. Mataron un sacerdote, mientras la misa decía; mataron un caballero, en la puerta de la iglesia, Don Luis de Furria, y los ángeles le hacen gran fiesta. El pan que no era blanco decían que era demasiado negro: lo daban a los caballos sólo por asolar la tierra. Del vino que no era bueno, abrían los grifos, lo echaban por las calles sólo para regar la tierra. En presencia de sus padres deshonraban las doncellas. Dan parte al Virrey, del mal que aquellos soldados hacían: -Licencia les he dado yo, mucha más se pueden tomar.- Sintiendo respuesta parecida, enarbolan la bandera; en la plaza de San Jaime, fueron las dependencias. A vista de todo esto es alborotada la tierra: empiezan a quitar gente y enarbolar las banderas. Entraron en Barcelona mil personas forasteras; entran como segadores, como éramos en tiempo de siega. De tres guardias que hay, ya han matado a la primera; mataron al Virrey, en el entrante de la galera; mataron a los diputados y los jueces de la Audiencia. Estad alerta, catalanes; catalanes, estad alerta: mirad que así os lo harán, cuando estén en vuestras tierras. Fueron a la prisión: dan libertad a los presos. El obispo los bendijo Con la mano derecha y la izquierda: -¿Donde está vuestro capitán? ¿Donde está vuestra bandera?- Sacaron al buen Jesús del todo cubierto con un velo negro: -Aquí esta nuestro capitán, ésta es nuestra bandera.- A las armas catalanes, !Que nos ha declarado la guerra! !Segad a ras! Segad a ras, !Que la paja va cara! !Segad a ras!

Letra original en catalan: Catalunya, comtat gran, qui t’ha vist tan rica i plena! Ara el rei Nostre Senyor declarada ens te la guerra. Segueu arran! Segueu arran, que la palla va cara! Segueu arran! Lo gran comte d’Olivars sempre li burxa l’orella: -Ara es hora, nostre rei, ara es hora que fem guerra.- Contra tots els catalans, ja veieu quina n’han feta: seguiren viles i llocs fins al lloc de Riu d’Arenes; n’han cremat un sagrat lloc, que Santa Coloma es deia; cremen albes i casulles, i caporals i patenes, i el Santissim Sagrament, alabat sia per sempre. Mataren un sacerdot, mentre que la missa deia; mataren un cavaller, a la porta de l’esglesia, en Lluis de Furria, i els angels li fan gran festa. Lo pa que no era blanc deien que era massa negre: el donaven als cavalls sols per assolar la terra. Del vi que no era bo, n’engegaven les aixetes, el tiraven pels carrers sols per regar la terra. A presencia dels parents deshonraven les donzelles. Ne donen part al Virrei, del mal que aquells soldats feien: -Llicencia els he donat jo, molta mes se’n poden prendre.- Sentint resposta semblant, enarboren la bandera; a la placa de Sant Jaume, n´hi foren les dependencies. A vista de tot aixo s’es avalotat la terra: comencen de llevar genti enarborar les banderes. Entraren a Barcelona mil persones forasteres; entren com a segadors, com erem en temps de sega. De tres guardies que n’hi ha, ja n’han morta la primera; ne mataren al Virrei, a l’entrant de la galera; mataren els diputats i els jutges de l’Audiencia. Aneu alerta, catalans; catalans, aneu alerta: mireu que aixis ho faran, quan seran en vostres terres. Anaren a la preso: donen llibertat als presos. El bisbe els va beneir Amb la ma dreta i l’esquerra: -On es vostre capita? On es vostre bandera?- Varen treure el bon Jesus Tot cobert amb un vel negre: -Aqui es nostre capita, aquesta es nostre bandera.- A les armes catalans, Que ens ha declarat la guerra! Segueu arran! Segueu arran, que la palla va cara! Segueu arran!

En una Historia de Cataluña aparecida hace pocos años, de evidente y no oculta inspiración nacionalista, los autores recuerdan así el carácter de la revuelta de 1640: “El rey, la religión, Dios y el país permanecieron intocables a todas las proclamas de la revuelta. Ninguno de los resortes tradicionales fueron puestos en duda: “Viva el rey y mueran los traidores”, “Viva la fe y mueran los traidores y el mal gobierno”, eran consignas que no permitían ninguna clase de dudas”. J. Nadal i Farreras y P.Wolf, Historia de Cataluña, Ed. Oikos-Tau, Barcelona 1992, pág. 318. Durante el verano de 1640 fue extendiéndose la revuelta social por otras zonas de Cataluña, asesinándose a todo aquel que representase algún poder: funcionarios reales, soldados, nobles o simplemente ricos. Mientras tanto, la tensión entre el gobierno y la diputación catalana no hizo sino aumentar, por lo que Olivares dispuso que un ejército entrase en Cataluña para acabar con el desorden. Pero Pau Clarís y otros representantes de la diputación ya habían comenzado las conversaciones con el gobierno francés en busca de ayuda. A principios de diciembre, mientras el ejército español entraba por el Sur, el francés lo hacía por el Norte. Poco después, en enero de 1641, por iniciativa de Pau Clarís la Junta de Brazos, y el Consejo de Ciento proclamaba a Luis XIII de Francia Conde de Barcelona. Al mes siguiente moría Clarís. Prácticamente nadie, ni el clero, ni la nobleza, ni los responsables municipales, ni el pueblo en su conjunto, secundaron las decisiones de Clarís y los suyos, a los que consideraban traidores. Los delegados de la Diputación en los pueblos y comarcas de toda Cataluña conocían mejor que los dirigentes barceloneses el estado de opinión de los catalanes, más adictos a España que a Francia y a dichos dirigentes. Las masivas negativas a acatar las normas emanadas de la Diputación de Cataluña y de las autoridades francesas tuvieron por consecuencia la prisión, la confiscación y el destierro de muchos y el exilio voluntario de muchos más, aumentando el número de los anti franceses con el paso del tiempo. Aparte de las poblaciones que se habían mantenido fieles a Felipe IV pronto otras se sumaron a la rebelión contra los franceses, como Reus, Lérida, el valle de Arán, Tarragona, etc.

Además, las impopulares medidas tomadas por el rey francés pronto empezarían a evidenciar a las oligarquías barcelonesas el error cometido. A comienzos de 1643 las autoridades catalanas elevaron al rey francés un memorial de sus desgracias, pues el maltrato por parte de la soldadesca y los desafueros de las autoridades enviadas desde París empezaban a hacer añorar los tiempos anteriores, aun con Conde-Duque de Olivares incluido. Se denunció a las autoridades francesas que estaban cometiendo los mismos desafueros que habían originado todo el conflicto. Pedro de la Marca, enviado francés a Cataluña en 1643, Consejero de Estado y posteriormente arzobispo de París, escribía: “Me he confirmado en la opinión de que en Cataluña todo el mundo tiene mala voluntad para Francia e inclinación por España (…) Tengo todos los días nuevas pruebas de que los religiosos, los nobles y el pueblo son muy malintencionados para el servicio del rey (de Francia) (…) ningún partido es pro-francés”.

El marqués de Brezé, virrey francés de 1642 a 1645, escribió igualmente que entre los catalanes “solo veía caras hostiles y sospechosas”, y que ya empezaban a temer que el único interés de la participación de Francia en Cataluña era quedarse el Rosellón. En 1842, con motivo de una reedición de la obra de Melo, el historiador catalán Jaime Tió añadió varios capítulos al original del portugués, que alcanzaba tan solo hasta el fracasado ataque realista a la fortaleza de Montjuich en los primeros meses del conflicto. Como a continuación Melo se dirigió a Portugal a colaborar en la guerra que libraban sus compatriotas, cesó su presencia en el teatro de operaciones catalán. Tió elaboró un resumen de los acontecimientos que se sucedieron durante los diez años más que duró la guerra hispano francesa hasta la victoria final española en 1652. Para ello acudió a fuentes documentales coetáneas de los hechos narrados, depositados en el Archivo de la Corona de Aragón, varios de los cuales insertó en el propio texto. Escribe Tió sobre el crecimiento del ambiente pro español y anti francés: “Mostráronse hostiles a cara descubierta los paisanos, y mostraban ya mas buena faz a los castellanos que a sus aliados, a quienes miraban con adusto ceño. Vitoreóse España en muchas partes, gritóse muera Francia, y a mansalva pagaron algunos franceses con la vida”. Tras los repetidos reveses del ejército francés, muchos catalanes fueron encaminándose hacia Barcelona junto con los ejércitos españoles, que avanzaban sobre Cataluña siendo recibidos por la población con vivas a España y mueras a Francia. “Su número llegó a tal punto, que la ciudad pensó ver repetidas las escenas sangrientas del año cuarenta”, pero esta vez contra los franceses y sus colaboradores. La Diputación de Cataluña, reunida en Manresa, acordó expresar su fidelidad al rey de España. En palabras de Tió: “Esta, habido consejo, y bien meditado que bajo el poder de España no había tenido jamás que sufrir desacatos y contrafueros más que cuando un ministro se le había mostrado enemigo, pensó que no existiendo ya tal (Olivares fue destituido en 1643), valía mas someterse otra vez al rey, fiando su benignidad y prudencia, que continuar en alianza con los franceses, de quienes Cataluña había sufrido todo linaje de injurias y toda especie de agravios”. El conflicto finalizó en 1652 con la victoria de Felipe IV y el perdón general, como leemos en la carta de D. Juan de Austria, hijo de Felipe IV, otorgando el perdón en su nombre, de 11 de octubre de 1652: “de todos los excesos y delitos cometidos desde el año 1640 hasta el día de hoy, sin exceptuar persona, ni delito de cualquier género, condición o calidad, aunque de crimen de lesa magestad, sino es de D. Jose Margarit, que como principal causa de los daños que se han padecido y por la obstinación con que persevera con sus errores, no es digno de gozar de este beneficio”. Pero la victoria se consiguió al precio de la pérdida del Rosellón y parte de la Cerdeña, que por derecho de conquista pasaron a manos francesas a pesar de haber manifestado sus habitantes el deseo de volver a integrarse en España, para lo cual incluso se alzaron violentamente contra las tropas francesas. De esta pérdida, causada por la traición de las instituciones catalanas y su negativa inicial en reclutar tropas para la defensa de su propia frontera (aunque cuando lo hizo fue en número insuficiente) en un momento en el que la Guerra de los Treinta Años obligaba a España a un inmenso esfuerzo militar en las cuatro esquinas de Europa, los nacionalistas acusan hoy, paradójicamente, a España. Por ejemplo Rovira i Virgili escribió esta tendenciosa acusación olvidándose de que el factor fundamental para establecer la nueva frontera fue el hecho consumado de la conquista francesa de dichos territorios: “El condado del Rosellón y buena parte del de Cerdeña quedaron, sin embargo, en poder de Francia, debido a la mala voluntad o a la torpeza de la diplomacia española”. En la página web del partido político actual llamado Convergencia Democrática de Catalunya podemos leer la interpretación nacionalista: “En 1640, la guerra entre Castilla y Francia tuvo como víctima a Cataluña, y fue repartida entre las dos partes”.(¿?). Hoy en pleno órdago secesionista el embargo judicial que pende sobre el inmueble de la sede de Convergencia en Barcelona es la mejor panorámica descriptiva de la de la posiblemente incómoda y difícil situación actual del partido de la familia Pujol, aunque su presidente parece vivirla con total desparpajo y con la mayor cara de póker o de del caradura, pues como sabe que ningún fiscal, ni autoridad competente, le va a decir nada afirma que desde Madrid les quieren imponer con tribunales lo que no han ganado con los votos… y no pasa nada, siguen los amigos del puente aéreo y las visitas del jefe del estado que ni se inmuta ante la situación de fractura que vive España. Este grupo de poder ha sido beneficiario durante décadas del silencio cómplice de la mayor parte de la sociedad catalana en lo referente al raudo enriquecimiento de sus cargos públicos y los familiares de éstos4, mientras que se sigue empleando el dinero público en prostituir la Enseñanza, adoctrinar a los niños y atacar la lengua española… sin que nadie defienda a los padres que reclaman la enseñanza en castellano y a los miles que en silencio agachan la cabeza por miedo. Lejos de ser una organización vigorosa, el cargo público, señor Mas, lidera en pleno órdago secesionista, en su una huida hacia adelante en toda regla, a un grupo paralizado por la corrupción que se extiende por toda la sociedad.

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4 comentarios en “E los països catalans son sólo una capa de mentiras sobre territorios que constituyeron la Corona de Aragón.

  1. Buenas,
    He leído este extenso artículo, y para comenzar si quieres ser riguroso en el ámbito histórico debes incluir mas bibliografía, lo comento ya que soy historiador y todo el articulo puede ser manipulado, al abarcar tanta temática y pocas referencias.
    No lo he leído entero debido a errores y eso ha hecho desistir la lectura.
    Mi especialidad como historiador es la Época Moderna tanto de España como de Cataluña, aunque también toco mucho lo medieval. Te recomiendo que leas mucha documentación medieval, seguro que no sabrás leerlo ya que es complicado y con eso sabrás algo mas sobre Cataluña. La Cruz de Sant Jordi, es la auténtica bandera de Cataluña, la actual es del Casal de Barcelona (esto es uno de los fallos observados).
    Otro fallo es que en 1640 gritaban “Visca el Rey, mori el mal govern” , no decían nada de España.
    Así positivo de este artículo, es sobre el termino Països Catalans, ya que nunca ha existido en la documentación tanto medieval como moderna.
    El término nación, ya desde la Época Medieval se ha utilizado tanto para Cataluña, Castilla, Navarra….. Lo que no ha aparecido es el término Estado, que hoy es objeto de estudio, de la formación de Estado, donde los Reyes Católicos fueron el germen, por su fiscalidad, no por la unión de Coronas, o formar España. La gente se cree que los Reyes Católicos son los fundadores de España y no, solo fue un matrimonio dinástico, pero tanto Castilla como Aragon funcionaban por su cuenta. La unificación territorial administrativa fue con la llegada de los Borbones.
    Bueno otro apunte, referente a la Unión de Armas, hay un estudio en marcha sobre su posible falsificación ya que no hay ninguno original y todos son copias de la época de la guerra del segador, y se parte como hipótesis, que fuera escrito para justificar dicha guerra.

    Con esto no quiero que parecer que soy catalanista ni nada, solo soy un simple historiador español y catalán, que no quiere que se haga política en lo bonito que es la historia.

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    1. A lo mejor tu desaprobación viene a ser desde el principio cuando hablo claramente de los que fueron desterrados por su maldad emanada del talmud.
      El problema Señor Historiador es si quieres aceptar la historia oficial la que realmente ocurrió, pues cansado estamos de ver lo fácil que es manipular dichos acontecimientos a los ojos de los que empiezan a aprender o a descubrir. Ya que no te lo has leído entero, mas no tengo que hablar ya que has demostrado que muy riguroso no es que seas debido a que no has aportado pruebas que solo su fecha de antigüedad da como validad. Lo de Visca el rei d´Espanya i muiren els traidors es cuestión de opiniones ya que no es la primera vez que me encuentro historiadores donde su odio hacia España es más que palpable y eso que se ganan la vida enseñando Historia de España. Pues lo dicho Señor Historiador cuando se va a argumentar algo que es falso se lleva o se muestra lo verdadero. Para terminar todo esto son historias del pasado ciertas o medio ciertas en mis primeras palabras digo claramente que todos somos Españoles y que cuando hemos vivido bajo un mismo techo hemos llegado a poner el mundo a nuestros pies, bueno nosotros no nuestros antepasado.

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  2. El Concilio de Constanza, realizado entre 1412 y 1414 para poner remedio a la primera de las grandes divisiones entre europeos, definió que éstos se encuentran distribuidos entre cinco naciones: Italia, Alemania, Francia, España e Inglaterra.
    Nación no era entonces un término político, sino que aludía al patrimonio cultural que cada una de ellas significaba. (una Nación podía estar configurada por uno o varios reinos)
    Y, desde luego, los padres conciliares no se equivocaban: basta con traer aquí cinco nombres: Dante, Goethe, Moliére, Cervantes y Shakespeare, para descubrir los signos de identidad.
    Pero se referían también a esa plataforma común, Cristiandad, que, en todos esos autores, se halla presente. No podemos prescindir de ella: el cristianismo, presentando a la persona humana racional y libre, como una criatura trascendente, ha sido capaz de establecer los rasgos esenciales de aquel que reconocemos como hombre europeo, el cual, en un pasado todavía reciente, llegó a convertirse en educador del mundo.

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    1. Bueno con respecto a Inglaterra eso de ser cristianos como que lo llevan a una interpretación un poco extraña. Mas bien le gusta el talmud. Con respecto a España hablar de ella es Cristianismo ya que su creación vino de unas Cruzadas, Hay que reconocer que el cristianismo es libertad, ya que las mentes de los hombres que serian sin las universidades creadas por los Cristianos para llegar al conocimiento mas avanzado de un tema. Este tema es de risa en cuanto se les habla a los bolcheviques pues su obsesión de quitar las capillas en las universidades llega a roza el fanatismo. Y cuando se les habla de esto es gracioso el pequeño bloqueo neuronal que mantiene. Pero con respecto al tema que trata lo publicado por mi, decir que Cataluña es hija de Aragon como Extremadura, Andalucia o Castilla la Mancha lo es de Castilla y León sin olvidarnos en ningún momento de nuestros hermanos de Ultra mar. Y Como cristianos y Castellano en mi caso pero como Español el “enemigo” que existe y que hay que erradicar pues son el causante de todo esto de conflictos sociales vienen a ser los del compás y la escuadra bajo las ordenes del sionismo, pues no hay país en toda Hispano-America que no sea marginado por descender de Castellanos y llevar orgullosamente la Cruz.

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